Y al estar hablando entre la multitud con los guerreros llegue a observar una figura de reojo, atravesé el murmullo y llegue lo que logra acelerar mi corazón más de lo que hace una ardiente batalla. Contemple la bella, me acerque a ella, trate de abrazarla y le lastime con mi armadura, cosa que no le importo mucho; le conté como había llegado a unos hermosos parajes donde los los arboles crecen el doble y su fruto es sin igual, y donde las hortalizas tienen mejor sabor que el que da la luna. Le propuse buscarla el siguiente día en los alrededores de la gran academia y darle a probar los platillos que he llegado a preparar pensando en ella. Sin dudarlo ella me dijo su rutina y horario, de tal manera en que nos pudiéramos encontrar.
Pero ya no pude contemplarla más, era hora de ir a entrenar al cuarte y mi tropa me dejaría si no avanzaba, así que le deje. Dí la vuelta y camine unos pasos, que desdicha de mi al encontrarme a un ser demoníaco, reconocido por usar su lengua de serpiente para adormece a la doncellas y usar sus garras para mantenerlas aferradas. Continué mi marcha sabiendo que esa bestia ya antes había sido derrotada, y con una confianza de que su lengua se podría y no llegaría hacer más daño; pero en mi mente, ese monstruo era el que más me preocupaba, más que los ejércitos enemigos, más que demonios de montañas y los dragones del infierno; pues él, entre todas los seres, es a quién nunca he logrado derrotar y ni siquiera animado a enfrentar, tanto por el miedo que le tengo, como por el gran daño que puede hacer incluso sin tocarme o saber de mí.
